EQUILIBRIO ENERGÉTICO

E=mc²  “Energía equivale a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado” Todo es energía.  

Albert Einstein

Expresiones como «malas vibraciones» o «la energía fue enorme» se han convertido en locuciones coloquiales. Empezamos a advertir y a conceder más credibilidad a experiencias tales como conocer a alguien que instantáneamente nos cae bien o mal. Nos gustan sus «vibraciones».

Podemos decir cuándo nos está mirando alguien y levantar la vista para ver quién es. Podemos tener la sensación de que algo va a pasar, y ocurre realmente. Empezamos a prestar oídos a nuestra intuición. «Sabemos» cosas, aunque no siempre percibirnos el modo en el que llegamos a hacerlo. Tenemos la sensación de que un amigo se siente de determinada forma, o que necesita algo y cuando nos esforzamos por satisfacerlo descubrimos que teníamos razón.

A veces, cuando discutimos con alguien, podemos sentir como si extrajeran algo de nuestro plexo solar, o como si nos estuvieran «apuñalando», o tal vez como si nos dieran un puñetazo en el estómago. Por otra parte, hay ocasiones en las que nos sentimos rodeados de amor, de cariño, bañados en un mar de dulzura, bendiciones y luz.

Todas estas experiencias tienen su realidad en los campos energéticos. Nuestro viejo mundo de sólidos bloques de hormigón está rodeado y penetrado por otro mundo fluido de energía radiante, en incesante movimiento, constantemente cambiante como el mar.



Todas las cosas tienen un campo energético que las rodea, su aspecto se asemeja al de la luz de una vela. Todas las cosas están interconectadas por medio de estos campos energéticos,  no existe espacio alguno que no posea un campo energético. Todos vivimos en un mar de energía.

La ciencia moderna nos dice que el organismo humano no es una mera estructura física formada por moléculas, sino que también las personas, como todo lo demás, estamos constituidas por campos energéticos. Nos desplazamos desde el mundo de la forma sólida estática a otro de campos energéticos dinámicos. También nosotros tenemos mareas, como los océanos. Cambiamos constantemente.



¿Cómo tratamos, en cuanto seres humanos, esa información? Nos adaptamos a ella. Si existe tal realidad, deseamos experimentarla. Los científicos están aprendiendo a medir estos sutiles cambios; desarrollan instrumentos para detectar los campos energéticos relacionados con nuestros cuerpos y evaluar sus frecuencias. Miden las corrientes eléctricas del corazón con electrocardiogramas (ECG), y las del cerebro con encefalogramas (EEG). El detector de mentiras permite medir el potencial eléctrico de la piel y es posible hacer lo propio con los campos electromagnéticos que rodean el cuerpo gracias a un sensible aparato denominado SQUID (dispositivo de interferencia del cuanto superconductor), que ni siquiera entra en contacto con el cuerpo al medir los campos magnéticos que lo rodean. El doctor Samuel Williamson, de la universidad de Nueva York, afirma que el SQUID permite obtener más información sobre el estado funcional del cerebro que un EEG normal.



En 1959, el doctor Leonard Ravitz, de la Universidad William and Mary, demostró que el campo energético humano fluctúa según la estabilidad mental y psicológica de la persona. Sugirió que hay un campo asociado a los procesos mentales y que la variación de este campo del pensamiento causaba síntomas psicosomáticos.



En 1979, otro científico, el doctor Robert Becker, de la Upstate Medical School de Syracuse, Nueva York, trazó un complejo campo eléctrico sobre el cuerpo cuya forma es similar a la de éste y a la del sistema nervioso central. Lo denominó Sistema de Control de Corriente Continua y descubrió que cambiaba de forma y potencia con las mutaciones fisiológicas y psicológicas. También descubrió unas partículas del tamaño de electrones que se movían por este campo.



Toda esta parte demuestra que el punto de vista científico de la realidad apoya la idea de que estamos compuestos por campos energéticos y va, de hecho, mucho más allá, hasta alcanzar reinos que justamente estamos empezando a experimentar, es decir, nos conduce a una visión holográfica del universo. En este universo, todas las cosas están interconectadas, correspondiendo a una experiencia holística de la realidad.



Los campos energéticos del cuerpo humano



El campo energético humano es una manifestación de energía universal íntimamente vinculada con la vida humana. Usualmente se denomina aura, y ha sido descrito como un ente luminoso que rodea el cuerpo físico y penetra en él, y que emite su propia radiación característica. El aura es la parte del campo energético universal (CEU) asociada con los objetos. El aura humana, o campo energético humano (CEH), es la parte del CEU relacionada con el cuerpo humano.

Basándose en sus observaciones, los investigadores han creado modelos teóricos que dividen el aura en varias capas, a veces denominadas cuerpos, que se interpenetran y rodean mutuamente en capas sucesivas. Cada cuerpo subsiguiente está compuesto por sustancias más finas y «vibraciones» más altas que el cuerpo al que rodea y en el que penetra.

El cuerpo etéreo (primera capa)
El cuerpo etéreo (de «éter», estado entre la energía y la materia) El cuerpo etéreo se extiende desde 1,25 cm hasta 5 cm más allá del cuerpo físico y palpita a unos 15-20 ciclos por minuto. El color del cuerpo etéreo varía de azul claro a gris. Tiene idéntica estructura que el cuerpo físico, incluyendo las partes anatómicas y todos los órganos. Consiste dicho cuerpo en una estructura definida de líneas de fuerza, o matriz energética, sobre la que se forma y sujeta la materia física del tejido corporal. Los tejidos físicos existen como tales sólo gracias al campo vi tal que los respalda; es decir, el campo es antecedente y no resultado del cuerpo físico.



El cuerpo emocional (segunda capa)
Está asociado con los sentimientos. Sigue, más o menos, el contorno del cuerpo físico. Su estructura es mucho más fluida que la del etéreo y no duplica el cuerpo físico. Por el contrario, parece estar formado por nubes coloreadas de una sustancia fina en constante movimiento fluido. Se extiende desde 2,5 hasta 7,5 cm del cuerpo.



El cuerpo mental (tercera capa)
Se extiende más allá del emocional y está compuesto por sustancias todavía más finas, todas ellas relacionadas con los pensamientos y los procesos mentales. Aparece normalmente como una luz brillante que irradia sobre la cabeza y los hombros y se extiende alrededor de todo el cuerpo físico. Se expande y hace más brillante cuando la persona que lo posee está concentrada en procesos mentales. Se extiende desde 7,5 cm hasta 60 cm del cuerpo. Contiene la estructura de nuestras ideas. Se trata de un cuerpo de tonalidad principalmente amarilla.



El nivel astral (cuarta capa)
El cuerpo astral (figura 7-10) es amorfo y está compuesto por nubes de colores más bellas que las del cuerpo emocional. El cuerpo astral, que se extiende desde aproximadamente 15 a 30 cm del cuerpo, suele tener el mismo grupo de colores, pero por lo general éstos aparecen teñidos con la luz rosada del amor.



El cuerpo del patrón etéreo (quinta capa)
Contiene todas las formas existentes en el plano físico en forma de calco o plantilla, como el negativo de una fotografía. Se ex tiende desde unos 45 cm hasta unos 60 cm del cuerpo. En caso de enfermedad, cuando la capa etérea se desfigura, la actuación del patrón etéreo aporta el apoyo que requiere la capa etérea en su forma original. Es el nivel en el cual el sonido crea materia, en el que la curación mediante el sonido resulta más efectiva.



El cuerpo celestial (sexta capa)
Es el nivel emocional del plano espiritual. Se extiende des de unos 60 hasta unos 83 cm del cuerpo. Es el nivel a través del cual experimentamos el éxtasis espiritual. Podemos alcanzarlo por la meditación y mediante otras muchas formas de trabajo de transformación. Cuando alcanzamos el punto del «ser» donde conocemos nuestra conexión con todo el universo, cuando vemos luz y amor en todo lo existente, cuando nos encontramos sumergidos en luz percibiendo que formamos parte de ella y que ella forma parte de nosotros y sentimos que somos uno con Dios, entonces hemos elevado nuestra conciencia hasta el sexto nivel del aura. El amor incondicional fluye cuando existe una conexión entre el chakra del corazón y el chakra celestial, ambos abiertos.



El patrón cetérico o cuerpo causal (séptima capa)
La séptima capa es el nivel mental del plano espiritual. Se extiende desde aproximadamente 75 hasta unos 105 cm del cuerpo. Cuando llevamos nuestra conciencia al séptimo nivel del aura sabemos que somos uno con el Creador. La forma exterior es el ovoide del cuerpo del aura y contiene todos los cuerpos aurales asociados con la encarnación por la que esté pasando un individuo. La forma ovoide dorada se extiende desde el cuerpo entre 90 y 105 cm, según cada persona, con el extremo menor por debajo de los pies y el mayor sobresaliendo unos 90 cm por encima de la cabeza. Todavía se puede expandir en mayor medida si la persona es muy enérgica.

 

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